Crossfit en la montaña

Qué hace que a una menuda señorita, luego de alcanzar el pico más alto, le queden piernas para realizar squats, sin ninguna experiencia previa en trail running. La respuesta está en el Crossfit, técnica de entrenamiento o estilo de vida, o ambos, o mezquina definición la mía. El caso es que nueve atletas de ALTAIR, junto a su maestro de ceremonias, Pablo Ulloa, nos reunimos con el Capi Accinelli y su runlover en el grifo PetroPerú de Mala, para emprender una aventura trailera por las dunas y los cerros de Cañete. La aventura culinaria por los sánguches y tamales de Doña Paulina a nuestro regreso, garantizaban la motivación del grupo.

Barro por caucho, arena por magnesio, piedra por hierro. Nadie dijo que sería fácil, pero tampoco es que a estos monstros les hayamos complicado la existencia. La noche anterior había llovido, sin embargo, la mañana anduvo fresca. La manada avanzó en fila india entre trochas y chacras, nunca faltó aliento para un selfie ni menos para arengarse unos a otros. La ruta, cortesía del Capi, la cerraba Pablo y el que escribe, y pese a que algunos no contaban con el equipo idóneo para estos menesteres, jamás fue escollo para llegar enteros hasta las dunas.

A partir de aquí, se escribe otra historia y padecen otros músculos. No sólo había que lidiar con la pendiente, la arena aletargaba los pasos, pero crossfiter que se respeta, ignora de límites. Alcanzada la meseta que divide las dunas de los cerros, la meta ahora es llegar al pico mayor. Un verde nos recibe, cactos florecen y harta araña entre las rocas. El Capi decide que no es propicio continuar, 7.5K y una prudente altitud, son suficientes, la vista compensa el riesgo de una picadura. El valle de Mala luce mejor con el mar a su alrededor.

Había que emprender el retorno, pero nadie dijo: “media vuelta… derecha”. El Capi nos tendría un WOD inesperado, un descenso empinado por una duna. Lanzó el reto, no sin antes ofrecer, una sumarísima charla técnica. Y detrás de él, ninguno de estos templarios, siquiera, murmuro NO. Y ahí los ves, deslizarse, uno tras otro, yo voy en el medio, Pablo escolta a las dos últimas. La bajada se hizo trepidante, a estas alturas trail runners todos, rodaban sin freno hasta el punto de extracción. Las palabras sobran como arena en los zapatos. Solo resta completar los 15K y por supuesto, no dejar chancho sin pellejo.

Peter Eme Trujillo

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