Historias de Joaquín: ¡Se Viene el Huaico!

Una excursión con desenlace impensado. Un desafío a las fuerzas de la Naturaleza. ¡Irrepetible!

Paco es un corredor constante y disciplinado que gusta de las nuevas experiencias. Joven aún, de mediana edad, calladito y de perfil bajo, le gusta pasar desapercibido, pero es muy observador y disfruta de la compañía de la gente.

Era la época en que estaba en la academia para ingresar aImagen2 la universidad, un sábado de diciembre, mes de intensas lluvias en la sierra en un valle cerca de Lima. El cielo despejado no hacía avizorar el peligro que acechaba. Paco había salido en plan de excursión deportiva-exploratoria por el valle de Lurín, calzando unas recias zapatillas de treking. Eran más o menos las 8 de la mañana cuando empezaron la escalada por el lecho del río, mochila a la espalda, acompañado por sus amigos Pepe y Richard.

Algo que les llamó la atención es que el lecho de río, seco al comienzo, empezaba a mostrar un fino hilillo d agua. Conforme subían en el camino, este hilillo se hacía un poco más grueso. Más arriba iba tomando ramificaciones, como arterias.

Luego de hora y media trepando por el cauce del río, un poblador que portaba una lampa le advirtió que había escuchado un rumor de huaico, río arriba. Tipo decidido y algo obstinado, Paco no se dejó impresionar y alentó a sus temerosos compañeros de aventura a seguir avanzando hasta el poblado que se habían propuesto, a tres horas de camino.

A la media hora, un par de muchachitos de la región le advirtieron a gritos del peligro “¡joven, se viene el huaico!”. Prudente pero determinado, Paco condujo a sus amigos algo más arriba, subiendo un poco la ladera del cerro, y les propuso seguir trepando mientras que no pudieran constatar la magnitud del fenómeno.

Pero en eso, un lugareño les invitó a alojarse en su cabaña, una rústica vivienda ubicada a unos 40 metros en la ladera del cerro. Pasaron allí la noche, durmieron como pudieron, bastante incómodos por cierto.

Serían las 4 o 5 de la madrugada, cuando de pronto sintieron un chorro de agua helada en sus rostros, despertando de sobresalto, como mudo presagio del otro chorro algo más grande que en esos momentos bajaba del cerro. Era el dueño de casa, con cara de loco, un balde en una mano y un largo cuchillo de caza en el otro. No sabían si era para despellejar la vizcacha que había cazado…o lo reservaba para ellos, pero por las dudas pusieron pies en polvorosa, o sea, la picaron nomás, chau compadre, muchas gracias por el hospedaje! y reemprendieron la marcha.

No bien habían trepado unos 15 minutos, sintieron un estruendo y divisaron a lo lejos una enorme cortina de agua y barro que venía creciendo en tamaño cada segundo: ¡se venía el huaico! Era el momento de dar la media vuelta. “Huyamos por la derecha”, sugirió Pepe, mismo Leoncio el León a nuestro querido héroe Paco Tristón.

La comitiva empezó un rápido ascenso vertical por la ladera del cerro, pero el ruido aumentaba de manera exponencial, obligando a nuestros amigos a dar media vuelta y emprender frenética carrera río abajo, con el huaico unos 300 metros atrás y creciendo también a lo ancho.

A esas alturas y pese a haber trepado más de 100 metros por el cerro, el agua barrosa había subido muy cerca de sus pies, ¡y seguía en ascenso! Paco dio la orden ¡a paso de huaico! Sus amigos se miraron, pues si bien eran corredores como él nunca habían ensayado ese tipo de paso. Sin tiempo de preguntarle, optaron por remangarse los pantalones y “enganchar segunda” para probar el “torque” de sus nuevas zapatillas camineras, mismas llantas BF Goodrich.

El ritmo de carrera era frenético, cuesta abajo, y el agua del huaico les salpicaba en enorme chorros que los habían dejado totalmente empapados. A la vez, todo tipo de basura empezaba a quedar regada en el camino del aluvión.

En el vértigo del descenso, Pepe alcanzó a divisar a sus pies una zapatilla All Star y después confesó que sintió el impulso de recogerla y probársela, pues parecía su talla y no estaba en mal estado. Seguían a la carrera y el huaico botaba pedazos de tronco, mucho barro y de pronto una gallina muerta justo delante de Richard. No le quedó otra que pasarle por encima y soplarse el crocante sonido bajo sus pies.

Nuestros héroes venían esquivando toda suerte de obstáculos cuando de pronto ¡zas! Un burro muerto se les atravesó en el camino y por poco no le cayó encima a Paco, quien aplicó una gambeta de centro delantero para esquivarlo. Otra vez salió premiado Pepe, quien le pasó por encima, sorprendido por la sensación de alfombra acolchada de la panza del burro.

Muchos otros desechos fueron parte del paisaje en esa fuga desenfrenada, pero nuestros corredores consiguieron llegar a la carretera evadiendo el huaico y tuvieron así una historia para contarles a sus nietos.

Por uDSC01159n momento, Paco pensó proponer como disciplina olímpica una “carrera contra el huaico” pero lo pensó dos veces, encontrando ciertas dificultades “técnicas”: (1) es poco probable que se den las condiciones meteorológicas al momento de la competencia, (2) es un poco difícil regular el flujo de obstáculos arrojados por el huaico y su oportuna disponibilidad.

Nota: Los nombres de los personajes han sido cambiados para mantener la privacidad del audaz aventurero, a pedido suyo, pero esta historia tiene una base real, pues fue el origen del hoy conocido como “El Huaico” que divide el balneario de Punta Hermosa a la altura de Playa Norte.

Joaquín Schwalb Helguero

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